domingo, 10 de febrero de 2019

Equilibrio ocupacional: herramienta de valoración


Una herramienta básica en TO es la distribución del equilibrio ocupacional. Es de sentido común pensar que una desproporción en el tiempo que dedicamos a cada tarea puede suponer gran variedad de problemáticas para cualquier persona. Si consideramos tres grandes grupos de actividades –Autocuidado, productivas y de Ocio, según la concepción clásica de las áreas de desempeño ocupacional- es fácil aceptar que una persona que dedica gran parte de su tiempo a actividades productivas y muy poco tiempo a otras de autocuidado o de ocio, probablemente sufrirá problemas de salud tanto físicos como psicológicos, relacionados con la fatiga o el estrés, por ejemplo. De la misma manera, cabe pensar que una persona que no ejerce rol productivo (estudios, empleo, cuidado de terceros u otras responsabilidades) y dispone de demasiado tiempo de ocio puede tener problemas relacionados con situaciones de ostracismo, frustración, falta de significado en su desempeño u otros como aislamiento, etc. Efectivamente, hay que valorar la situación única de cada persona, si esa persona tiene cubiertas sus necesidades económicas o no (no es lo mismo una persona en paro y con carga familiar –situación de estrés- que alguien que no necesita dinero y dispone de tiempo ocupado en hobbies). Este es solo un ejemplo, ya que la distribución del tiempo en cada historia personal posee un significado único.

Con todo y con ello, una herramienta sencilla, a modo de screening o valoración inicial, o a modo de divulgación sobre el asunto, es el análisis del equilibrio ocupacional. Para realizarlo, basta disponer de una plantilla como la siguiente:

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La persona debe rellenar cada celda (empezando por la distribución horaria) con la actividad que –aproximadamente- realiza cada día. Se puede realizar una plantilla diaria, semanal, mensual, etc, a modo de registro, pero tal vez con una muestra representativa basta. Por ejemplo, una persona que trabaja tiene más o menos un horario definido de lunes a viernes, pero cada fin de semana hace una actividad diferente. Si quiere ser muy preciso y desea realizar un análisis profundo deberá registrar las actividades realizadas a lo largo de varias semanas. Si no, con utilizar un ejemplo representativo bastará. Las respuestas han de ser lo más sinceras posibles, por lo que en algún caso puede ser una plantilla autoadministrada.

La plantilla debe rellenarse de la siguiente manera:


Cuanto más preciso se es en la descripción de la actividad y en los tiempos marcados, más información se obtendrá al final y más exacto será el análisis. Si cada día la rutina es similar, será más fácil de completar. Si cada día la rutina cambia será más complejo. Para estos casos (alguien cuya jornada laboral varía, o que cuida de sus hijos días alternos, por ejemplo) se puede detallar la plantilla y el horario:

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Una vez completada la plantilla, llega un momento clave, que es asignar a cada actividad descrita una categoría: Autocuidado, Productiva o de Ocio. A veces es bastante sencillo, pero en ocasiones hay dudas. En este caso, debe ser la persona interesada quien decida qué categoría asigna a cada actividad, no el TO, ya que el significado es particular. Puede que para todo el mundo la actividad “ducha” se considere autocuidado, pero “ir a la biblioteca” puede ser por obligación (si tengo que estudiar) o por ocio (si voy con mi hija). En algunos casos en una franja horaria habrá varias actividades (por ejemplo: de 20:30 a 21:15 me ducho y hago la cena), por lo que tal vez se puede afinar más y distinguir ambas actividades (de 20:30 a 21:00 me ducho –actividad de autocuidado- y de 21:00 a 21:15 preparo la cena –productiva-).

Un truco es asignar a cada categoría un color, de modo que visualmente se pueda observar la distribución de actividades:

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En este ejemplo observamos que actividades como una comida pueden considerarse autocuidado (desde el punto de vista de la alimentación: paro en el trabajo a comer porque tengo que comer) u ocio (la comida familiar del domingo no se reduce solamente a alimentarse, sino a pasar una mañana en una actividad gratificante). Otro ejemplo: llevar a mi hija al parque puede ser una obligación (si no me involucro en la actividad) u ocio si disfruto junto con ella. Ir al gimnasio puede considerarse autocuidado si es una pauta de cuidado de la salud que disfruto relativamente o bien ocio si es una actividad elegida libremente y realizada por placer –aparte del bienestar que proporciona-. Por eso es importante que sea el protagonista quien asigna cada actividad a cada categoría.

El sueño –incluso la siesta- puede considerarse por lo general como actividad de autocuidado (descanso).

El siguiente paso es determinar el tiempo que se dedica a cada categoría de actividad, sumando las horas totales. Podemos afinar más o menos si somos cuidadosos a la hora de establecer las horas de sueño reales (por eso es mucho más exacto si se realiza registro a posteriori, para evaluar el desempeño real durante cierto tiempo). En este ejemplo se han contabilizado 168 horas en total (es decir, 24h x 7 días = 168 horas exactas, desde el lunes a las 7:00 h hasta el lunes siguiente a las 7:00 h). En este caso el resultado sería:

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Esta persona dedica 77,5 horas semanales (el 46,13%, casi la mitad del tiempo) a su propio cuidado, incluyendo las horas de sueño (54 horas de sueño, el 32,14% del total).

Por otra parte, dedica 56,25 horas (33,48%, más o menos la tercera parte) de su tiempo a actividades productivas, incluyendo trabajo, estudio y responsabilidad en el cuidado de su hija.

Además, dedica 34,25 horas (el 20,39%) a actividades de ocio, concentradas en el fin de semana.

En este caso particular existe un relativo equilibrio ocupacional. Podemos concluir que esta persona dedica la tercera parte de su tiempo a dormir (las 8 clásicas horas diarias recomendadas de media), la tercera parte a actividades productivas y la tercera parte a autocuidado y ocio.

En otros ejemplos donde existen problemas como excesivas horas de trabajo, o bien desempleo o jubilación, insomnio, problemas de salud que requieren de cuidados diarios, cuidadores de terceras personas, etc, esta herramienta puede servir para evidenciar las carencias de la persona, tal vez en el descanso, tal vez en una ocupación significativa, tal vez en actividades gratificantes.

En el caso de la salud mental, esta herramienta se pude utilizar en evaluaciones iniciales para devolver una imagen más o menos realista de la distribución del tiempo en personas que tienen problemas de aislamiento social o de sedentarismo. Puede utilizarse también a familiares o cuidadores para valorar el impacto en su propio desempeño. Al poder utilizarse como herramienta autoadministrada puede servir como potente feedback o como reestructuración cognitiva para realizar descripciones del desempeño o ajustes de expectativas así como un valioso dato informativo en valoraciones.

No lo recomendaría para utilizar de forma sistemática, pero sí en casos puntuales, en talleres de AVD, en grupos de trabajo con familiares o en sesiones informativas de TO.

Otra recomendación es usar plantillas en Word o Excel como apoyo a la hora de transcribir los datos, lo cual puede agilizar el proceso, ya que probablemente una pega puede ser la cantidad de tiempo que se necesita para cumplimentar la tabla, revisar cada actividad para asignarle un significado y realizar el posterior sumatorio para obtener las estadísticas.

Conocida por muchos, aun así espero que esta herramienta sea de utilidad, o al menos la metodología para diseñarla. Existen varios artículos específicos de TO sobre este tema en diversas publicaciones, pero a continuación dejo tres enlaces libres relacionados con este tema que pueden resultar de interés:

  1. http://www.revistatog.com/num26/pdfs/original9.pdf
  1. http://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/129445/Equilibrio-y-organizacion-de-la-rutina-diaria.pdf?sequence=1&isAllowed=y
  1. https://ruc.udc.es/dspace/bitstream/handle/2183/9926/MarquezAlvarez_LuisJavier_TFM_2012.pdf?sequence=2

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