lunes, 23 de mayo de 2016

No sé, no puedo, no quiero

En la intervención cotidiana con personas con enfermedad mental (en el campo de Rehabilitación Psicosocial) es muy frecuente encontrar situaciones de desmotivación en los usuarios, algo lógico, pues en principio trabajamos con personas estabilizadas clínicamente que presentan escasa sintomatología positiva y mucha sintomatología negativa.

Existen varios factores influyentes tales como el estigma (social, familiar y profesional), la pérdida de proyecto de vida, la pérdida de roles, los efectos de la propia sintomatología limitante e incluso la zona de confort en que muchos de los usuarios se han asentado después de muchos años, bien sea por sobreprotección o porque las demandas del entorno no son exigentes.

Los profesionales entendemos esta situación, y estamos preparados para hacer frente a todas las dificultades que presentan algunos usuarios. Aún así habitualmente podemos sufrir frustración ante el fracaso de nuestras propuestas, ya sea en grupo o de forma individual. Es inevitable, fruto de esa frustración, realizar juicios de valor o mantener prejuicios hacia la actitud de algunas de estas personas cuando no participan de las actividades o no muestran interés, a pesar de que se facilita y se intenta motivar de múltiples formas: “es un vago”, “no quiere hacer nada”, “está consentido, malacostumbrado”, “no se esfuerza lo suficiente”, etc.

Efectivamente, en primer lugar resulta obvio que nuestra actitud como profesionales debe ser de empatía total y paciencia infinita ante estas situaciones, por frustrantes que sean. Confiar en nuestra metodología y nuestro criterio profesional es fundamental para sentirnos seguros, sabiendo que preparando bien el trabajo no debemos frustrarnos si no siempre funciona.

Aparte de esto, el siguiente cuadro puede que ayude a comprender la actitud de algunos usuarios desmotivados. Asimismo, puede ayudar a detectar cuál es exactamente la frustración, pues no siempre los usuarios saben transmitir de forma clara o exacta qué les ocurre. Habitualmente escucho resistencias hacia un reto presentado: “es que no sé hacerlo”, “me cuesta mucho”, “no puedo”… Todas ellas son fórmulas que pueden sonarnos a excusa, pero si logramos establecer una relación terapéutica sólida y conseguimos información objetiva a través del resto del equipo, la familia y el propio usuario, podemos determinar con mayor exactitud qué es exactamente lo que le ocurre y, por consiguiente, ajustar la intervención.

El siguiente cuadro es orientativo y resume algunas de las respuestas más frecuentes ante retos presentados a los usuarios:

  • No sé: significa no he aprendido. No me lo han enseñado. No he adquirido ese conocimiento o esa habilidad o no lo he puesto nunca en práctica.

  • No puedo: significa que habiendo aprendido una habilidad no puedo ejecutarla por alguna razón: un problema físico, sintomatología manifiesta u otras limitaciones (económicas, sociales, etc).

  • No quiero: significa que conozco una habilidad y puedo ejecutarla, pero no lo deseo.
 (Pinchar para ampliar imagen):





En verde están marcados los factores (en este caso predisposición, actitud) que apoyan el desempeño, y en naranja, los factores que limitan el desempeño.

Evidentemente, otros factores que apoyan o limitan están directamente relacionados con las demandas del entorno, en muchas ocasiones obviadas o ignoradas, y que pueden ser determinantes. Es decir, si no existe demanda del entorno o necesidad difícilmente una persona estará motivada para realizar un esfuerzo por un aprendizaje: no sé cocinar, pero no lo necesito porque mis padres me cocinan, y aunque no lo hicieran comería en el restaurante o pagaría para que me cocinaran porque me lo puedo permitir. En este caso no hay objetivo de intervención, siempre y cuando la persona tenga estrategias o recursos para solventar el problema cotidiano de la alimentación de forma autónoma.

Usar estas referencias para ubicar en qué perfil se encuentra la persona con quien trabajamos nos puede facilitar el diseño de intervención o la elección de estrategias de abordaje, o bien para evaluar o describir un proceso terapéutico.

Se aceptan opiniones y correcciones, espero que sea de utilidad.

2 comentarios:

  1. Soy estudiante de terapia ocupacional y esta información vale oro para mí, muchas gracias!

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