Cambiar
Juicios de valor
|
Por
Descripción de
conductas concretas
|
Se porta bien
|
Presenta una conducta adecuada (al
taller, a las normas de convivencia, etc.)
Participa en la actividad y apoya a los
compañeros
|
Fuma mucho
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Ha fumado 7 cigarros durante la mañana
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A veces falta sin avisar
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Debía venir 20 días este mes y ha
faltado 12 días sin avisar.
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Se comportaba un poco raro
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Hablaba con dificultad y ha salido al
baño 3 veces durante la sesión
Repite una frase constantemente durante
todo el día
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Es un poco vago para hacer las tareas
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Presenta dificultades para…(realizar/ iniciar/
continuar/ finalizar actividad)
Presenta signos de cansancio físico.
|
No quiere hacer la actividad
|
No realiza la actividad
|
Lo veo mejor
|
Esta semana se comunica más con los
compañeros y presenta mejor aspecto e higiene
|
Es muy pesado
|
Se muestra invasivo (con profesionales,
compañeras, etc.)
|
viernes, 31 de enero de 2020
Corrección en el lenguaje profesional
sábado, 28 de diciembre de 2019
Programa de ocio de jóvenes en salud mental
Programa de ocio de jóvenes en salud mental:
Tras 5 años de proyecto y más de 3 años de estudio e investigación, ¡¡por fin sale publicado nuestro artículo!! Esperamos que sea de utilidad para Terapeutas Ocupacionales y quienes estén interesados en implantar programas similares. Y gracias a TOG La Coruña por la oportunidad.
Gracias Paula Sastre Portes por tu trabajo y dedicación y gracias a quienes habéis colaborado: María Lacruz (Psiquiatra USM Fuente de San Luis. Departamento de Salud Hospital Peset. Valencia. Psiquiatra del PT-PEP (2008-2018). Hospital Francesc de Borja, Gandía), Ruben Femenia (Psicólogo CD-CRIS La Safor), Ana Miñana (Educadora CD-CRIS La Safor), Juan Miguel García Moncho (Psiquiatra Departamento Salud Gandía), Lucía Estrugo (Referente Educación Social del Centro de Referencia Estatal CREAP Valencia), Sergio Lacámara ( Director de Gestión de Conocimiento del Centro de Referencia Estatal CREAP Valencia), Eva Ma Cre (Psicóloga ASAEM), David Picó (Psicólogo Centro de Psicología y Terapia Gestalt Terapiados Valencia), Cristina Guijarro Giner (Pedagoga. Técnico Inserción Laboral CD-CRIS La Safor) y Miriam Perez (Profesora de inglés)
jueves, 19 de septiembre de 2019
Seleccionar participantes para un programa o taller
A la
hora de diseñar programas de intervención grupal se dan varias circunstancias
que influyen en la selección de participantes y la conformación de los grupos,
como:
- Necesidades marcadas en objetivos individuales de PIR.
- Derivaciones de los psicólogos o técnicos de referencia según sus criterios profesionales.
- Demandas del usuario o la familia.
- Formato de horario de centro: a veces puede ser inevitable completar horarios individuales con derivaciones s algunas actividades.
- Perfil de usuario (si se clasifican por niveles, de autonomía, por ejemplo).
- Contenido de la actividad: para participar en ciertas actividades son necesarios unos requisitos y en otras tal vez no. Por ejemplo: una persona con una limitación física tal vez no puede jugar al fútbol. Para un taller de cocina avanzada se puede requerir una experiencia previa o un mínimo nivel de conocimiento. Si es un taller de cocina básica no existe este requisito. Para participar de algunas salidas se puede exigir un mínimo nivel de autonomía, etc.
Todos
estos factores van a condicionar la configuración de los programas o talleres,
que debe ser acertada para el óptimo funcionamiento de los mismos.
Es
cierto que en la práctica clínica nos arreglamos con lo que hay, ya sea por
circunstancias puntuales o inevitables, como bajas de participantes, cambios de
horarios, cambios de profesionales, necesidades de centro o de equipo,
limitaciones horarias o económicas, etc. Y siempre o habitualmente nos
encontramos con excepciones, aunque éstas nunca deben ser la norma.
Establecer
criterios a la hora de diseñar un programa o taller y las personas que
participarán supone un trabajo riguroso que a la larga proporcionará
seguramente mejores resultados.
En
todo este proceso quisiera centrarme en una cuestión que forma parte de estos
criterios anteriormente comentados, y es la homogeneidad o heterogeneidad de
los grupos. Por
ejemplo: en un taller de estimulación cognitiva, ¿puede haber participantes con
un mayor nivel que otros? ¿Qué ocurre si la diferencia de nivel es muy grande?
¿Convendría que todos tuviesen un nivel similar o es mejor que haya
participantes de varios niveles para poder enriquecerse?
La
cuestión es simple: si la heterogeneidad perjudica al contenido del taller o al
desarrollo del mismo es mejor trabajar por configurar un grupo más homogéneo.
Por ejemplo: un programa de senderismo en el que hay participantes derivados
con problemas de movilidad. Esta circunstancia condicionará totalmente la
actividad, porque se habrá de bajar el nivel de intensidad para que todos
puedan participar. Si hay 10 derivados y 5 tienen mayor dificultad de
movilidad, tal vez pueden organizarse dos grupos o solicitar que en la misma
actividad haya dos profesionales para diversificar la actividad.
¿Cómo se establece el nivel
de funcionamiento o de perfil de participantes?
Clasificar
a los participantes por niveles puede servir para dirimir algunos de los
criterios anteriormente señalados. Para evitar una baremación subjetiva se
pueden utilizar datos de los que ya disponemos en la evaluación o bien
investigar otros datos objetivos que sean útiles para este propósito. Por
ejemplo: para organizar grupos de trabajo de estimulación cognitiva se pueden
utilizar los resultados de las escalas usadas por los psicólogos en la
evaluación anual. Escalas como KBIT, MoCA, MMSE, etcétera, ofrecen directamente
puntuaciones mediante las cuales se pueden organizar grupos, y por supuesto las escalas que usa el TO
También
se pueden establecer requisitos para los talleres, y detectar qué usuarios
los cumplen y quiénes no. Por ejemplo: para participar en piscina es necesario
que la persona tenga un nivel alto de autonomía para la ducha y el cambio de
ropa (lo puede determinar el TO) y que sepa nadar. En algunos programas se
pueden definir los criterios de inclusión y/o exclusión.
A
continuación expongo dos ejemplos de dos tablas de elaboración propia que se
utilizaron hace un tiempo en el recurso de Centro de Día para clasificar a los
usuarios y usuarias en “niveles” para la participación en diversos programas y
para determinar el tipo de atención que requerían (más individualizada, más
grupal, personas que necesitan mayor continuidad en el horario, quienes
necesitan más o menos actividad, etc)
Cada valor 1 indica la presencia de la dificultad descrita. La suma final indica un valor cuantitativo que puede usarse como estimación para organizar grupos de trabajo con participantes que tienen características similares. A parte de la edad (dato objetivo y más o menos significativo) los criterios elegidos y el valor asignado para cada usuario en cada dificultad son subjetivos y son los que se deben consensuar por el equipo de Centro de Día.
En los ejemplos anteriores se utilizan criterios basados en factores que limitan el desempeño y otra tabla factores que apoyan el desempeño, pero pueden utilizarse cualquier tipo de indicadores - siempre objetivables y descriptivos, sin interpretación subjetiva.
En el siguiente ejemplo se observa cómo queda la tabla para elegir los participantes en un programa de ocio:
Añado finalmente un vídeo con la corrección hecha el 13/04/2020, ya que en la anterior publicación original las tablas contenían errores en el sumatorio de los puntajes. El vídeo se encuentra publicado en:
https://www.facebook.com/584647624936667/videos/2932385956853620/
lunes, 1 de abril de 2019
Descanso y Sueño. Seguimiento.
Una
de las funciones del Terapeuta Ocupacional en Salud Mental es la de realizar
seguimiento de determinados parámetros de salud relacionados con las AVD, que
pueden ser valiosos indicadores para describir el funcionamiento de la persona
en un momento determinado. Algunos de esos parámetros pueden estar relacionados
con la alimentación, la higiene, las rutinas o los tiempos de descanso y sueño.
“Descanso
y sueño” es una de las áreas de ocupación de la AOTA , que lo define como actividades relacionadas con obtener el sueño y un descanso restaurador
que apoye la participación activa en otras áreas de ocupación.
Cuando
nos preguntan qué tal estamos durmiendo solemos generalizar con un “bien” o
“mal”, pero realmente se puede describir mejor e incluso detectar qué factores
están favoreciendo un sueño de calidad o no.
¿Qué
significa dormir bien? Significa que el sueño es reparador, que al despertar
tenemos sensación de descanso y de alivio, que el tiempo empleado en ese sueño
lo consideramos satisfactorio, bien empleado, y que repercute en la energía con
que afrontamos el día. No siempre es así, y a veces dormimos pero no sentimos
esa calidad anteriormente explicada.
Además,
tendemos a medir el sueño solamente de forma cuantitativa, es decir, el tiempo
que empleamos en dormir, y erróneamente relacionamos dormir poco tiempo con
dormir mal y dormir mucho tiempo con dormir bien, pero no siempre es así, por
ejemplo: una persona puede dormir 8 horas recomendadas para un adulto, pero se
ha despertado varias veces durante la noche, no podía respirar bien, ha tenido
dolor de cabeza, unas contracturas en la espalda le han impedido tomar una
postura cómoda o durante algunos momentos no ha podido controlar un pensamiento
invasivo que le ha impedido relajarse. Esta persona ha dormido muchas horas
pero cuando se levanta no se encuentra bien, ha tenido un sueño de mala
calidad.
Otra
persona, sin embargo, ha dormido solamente 4 horas, pero profundamente, y al
levantarse se siente descansado muscularmente, sin dolores, despejado de mente
y con ganas de volver a la actividad. Ha dormido poco pero es un sueño
reparador.
Otra
persona durmió pocas horas la noche anterior, y no especialmente de mala
calidad, pero tiene sueño. Ha hecho una siesta de 30 minutos y al levantarse se
encuentra aliviado y despejado, ha sido un sueño muy corto pero muy reparador.
Por
tanto, hablar de la cantidad del sueño es insuficiente si no hablamos también
de la calidad, en sentido cualitativo.
En
Salud Mental es frecuente hablar de este tema. Se puede revisar la cantidad y
calidad del sueño por algunas razones como detectar, en el día a día,
alteraciones en el sueño que puedan ser indicadores de cambios en el ciclo del
sueño, efecto de cambios en la medicación o la alimentación, presencia de
sintomatología, insomnio, etc. Se considera información útil para los
profesionales, ya que una mala higiene del sueño puede agravar la salud, tal
vez especialmente en personas con enfermedades crónicas. Una atención
individual que puede realizar el Terapeuta Ocupacional es preparar las visitas
al médico o psiquiatra o bien los reconocimientos de Enfermería. ¿Cómo?
A
parte de trabajar la conciencia del autocuidado, se pueden elaborar registros
muy sencillos que ofrezcan una información clara de la evolución de la higiene
del sueño.
- Diario: en forma de seguimiento individual o de forma general en el encuentro, asamblea o reunión de la mañana.
- Periódico: por ejemplo un registro sistemático semanal en talleres de hábitos saludables.
- PIR: informe anual. Ofrece una descripción general del último periodo.
Por
otra parte, con frecuencia hay personas que no saben describir con exactitud ni
cuánto duermen ni cómo duermen.
Para
cualquier persona o grupo, y especialmente para grupos terapéuticos de personas
con enfermedad mental grave y crónica, algunas de edad más avanzada y a veces
con dificultades para la comunicación, un sencillo modo de plantearlo es:
Las posibles respuestas son:
MUCHO y BIEN
POCO pero BIEN
MUCHO pero MAL
POCO y MAL
El
factor cantidad (Poco/Mucho) es
cuantitativo. Se mide cronológicamente: en horas, minutos… también establece
periodos (noche, tarde)
El
factor calidad (Bien/Mal) es
cualitativo. Se puede medir registrando la presencia de dolor o molestias físicas,
número y frecuencia de interrupciones del sueño, describiendo las condiciones
que favorecen o limitan el sueño (ropa adecuada, cama, clima, rutinas…), etc.
Incluso
se pude cuantificar: podemos asignar el menor valor al rango “Poco y mal” (0
puntos); el mayor valor (2 puntos) a “mucho y bien” y un valor intermedio (1
punto) para “poco pero bien” y “mucho pero mal”, ya que en ambas posibilidades
se cumple solamente una condición de las valoradas.
Por
ejemplo, dos personas que representan dos situaciones opuestas respecto a la
salud del sueño: de un máximo de 14 puntos (2 al día) la primera de ellas
obtiene 12 (una puntuación muy alta, lo que indica una buena higiene del sueño)
y la otra, sin embargo, marca sólo 3 de 14, una puntuación muy baja, que indica
posibles problemas con el sueño.
L
|
M
|
X
|
J
|
V
|
S
|
D
|
TOTAL
|
|
Nombre
A
|
2
|
2
|
2
|
1
|
1
|
2
|
2
|
12
|
Nombre
B
|
0
|
1
|
1
|
0
|
0
|
1
|
0
|
3
|
Esta
es una sencilla herramienta que puede servir para hacer un seguimiento
individual o grupal tanto a diario como ocasionalmente y también aumentar en
las y los participantes la conciencia acerca de la salud, en este caso, del
sueño. Otros parámetros también son frecuentemente registrados para incluir en
seguimientos e informes, como el peso o la tensión arterial, en la mayoría de
ocasiones en talleres relacionados con hábitos saludables.
domingo, 10 de febrero de 2019
Equilibrio ocupacional: herramienta de valoración
Una herramienta básica en TO es
la distribución del equilibrio ocupacional. Es de sentido común pensar que una
desproporción en el tiempo que dedicamos a cada tarea puede suponer gran
variedad de problemáticas para cualquier persona. Si consideramos tres grandes
grupos de actividades –Autocuidado, productivas y de Ocio, según
la concepción clásica de las áreas de desempeño ocupacional- es fácil
aceptar que una persona que dedica gran parte de su tiempo a actividades
productivas y muy poco tiempo a otras de autocuidado o de ocio, probablemente
sufrirá problemas de salud tanto físicos como psicológicos, relacionados con la
fatiga o el estrés, por ejemplo. De la misma manera, cabe pensar que una
persona que no ejerce rol productivo (estudios, empleo, cuidado de terceros u
otras responsabilidades) y dispone de demasiado tiempo de ocio puede tener
problemas relacionados con situaciones de ostracismo, frustración, falta de
significado en su desempeño u otros como aislamiento, etc. Efectivamente, hay
que valorar la situación única de cada persona, si esa persona tiene cubiertas
sus necesidades económicas o no (no es lo mismo una persona en paro y con carga
familiar –situación de estrés- que alguien que no necesita dinero y dispone de
tiempo ocupado en hobbies). Este es solo un ejemplo, ya que la distribución del
tiempo en cada historia personal posee un significado único.
Con todo y con ello, una
herramienta sencilla, a modo de screening
o valoración inicial, o a modo de divulgación sobre el asunto, es el análisis
del equilibrio ocupacional. Para realizarlo, basta disponer de una plantilla
como la siguiente:
(Clic para ampliar)
La persona debe rellenar cada
celda (empezando por la distribución horaria) con la actividad que
–aproximadamente- realiza cada día. Se puede realizar una plantilla diaria,
semanal, mensual, etc, a modo de registro, pero tal vez con una muestra
representativa basta. Por ejemplo, una persona que trabaja tiene más o menos un
horario definido de lunes a viernes, pero cada fin de semana hace una actividad
diferente. Si quiere ser muy preciso y desea realizar un análisis profundo
deberá registrar las actividades realizadas a lo largo de varias semanas. Si
no, con utilizar un ejemplo representativo bastará. Las respuestas han de ser
lo más sinceras posibles, por lo que en algún caso puede ser una plantilla
autoadministrada.
La plantilla debe rellenarse de
la siguiente manera:
Cuanto más preciso se es en la
descripción de la actividad y en los tiempos marcados, más información se
obtendrá al final y más exacto será el análisis. Si cada día la rutina es
similar, será más fácil de completar. Si cada día la rutina cambia será más
complejo. Para estos casos (alguien cuya jornada laboral varía, o que cuida de
sus hijos días alternos, por ejemplo) se puede detallar la plantilla y el
horario:
(Clic para ampliar)
Una vez completada la plantilla,
llega un momento clave, que es asignar a cada actividad descrita una categoría:
Autocuidado, Productiva o de Ocio. A veces es bastante sencillo, pero en
ocasiones hay dudas. En este caso, debe ser la persona interesada quien decida
qué categoría asigna a cada actividad, no el TO, ya que el significado es
particular. Puede que para todo el mundo la actividad “ducha” se considere
autocuidado, pero “ir a la biblioteca” puede ser por obligación (si tengo que
estudiar) o por ocio (si voy con mi hija). En algunos casos en una franja
horaria habrá varias actividades (por ejemplo: de 20:30 a 21:15 me ducho y hago
la cena), por lo que tal vez se puede afinar más y distinguir ambas actividades
(de 20:30 a 21:00 me ducho –actividad de autocuidado- y de 21:00 a 21:15
preparo la cena –productiva-).
Un truco es asignar a cada
categoría un color, de modo que visualmente se pueda observar la distribución
de actividades:
(Clic para ampliar)
En este ejemplo observamos que
actividades como una comida pueden considerarse autocuidado (desde el punto de
vista de la alimentación: paro en el trabajo a comer porque tengo que comer) u
ocio (la comida familiar del domingo no se reduce solamente a alimentarse, sino
a pasar una mañana en una actividad gratificante). Otro ejemplo: llevar a mi
hija al parque puede ser una obligación (si no me involucro en la actividad) u
ocio si disfruto junto con ella. Ir al gimnasio puede considerarse autocuidado
si es una pauta de cuidado de la salud que disfruto relativamente o bien ocio
si es una actividad elegida libremente y realizada por placer –aparte del
bienestar que proporciona-. Por eso es importante que sea el protagonista quien
asigna cada actividad a cada categoría.
El sueño –incluso la siesta-
puede considerarse por lo general como actividad de autocuidado (descanso).
El siguiente paso es determinar
el tiempo que se dedica a cada categoría de actividad, sumando las horas
totales. Podemos afinar más o menos si somos cuidadosos a la hora de establecer
las horas de sueño reales (por eso es mucho más exacto si se realiza registro a posteriori, para evaluar el desempeño
real durante cierto tiempo). En este ejemplo se han contabilizado 168 horas en
total (es decir, 24h x 7 días = 168 horas exactas, desde el lunes a las 7:00 h
hasta el lunes siguiente a las 7:00 h). En este caso el resultado sería:
(Clic para ampliar)
Esta persona dedica 77,5 horas
semanales (el 46,13%, casi la mitad del tiempo) a su propio cuidado, incluyendo
las horas de sueño (54 horas de sueño, el 32,14% del total).
Por otra parte, dedica 56,25 horas
(33,48%, más o menos la tercera parte) de su tiempo a actividades productivas,
incluyendo trabajo, estudio y responsabilidad en el cuidado de su hija.
Además, dedica 34,25 horas (el
20,39%) a actividades de ocio, concentradas en el fin de semana.
En este caso particular existe un
relativo equilibrio ocupacional. Podemos concluir que esta persona dedica la
tercera parte de su tiempo a dormir (las 8 clásicas horas diarias recomendadas
de media), la tercera parte a actividades productivas y la tercera parte a
autocuidado y ocio.
En otros ejemplos donde existen
problemas como excesivas horas de trabajo, o bien desempleo o jubilación,
insomnio, problemas de salud que requieren de cuidados diarios, cuidadores de
terceras personas, etc, esta herramienta puede servir para evidenciar las
carencias de la persona, tal vez en el descanso, tal vez en una ocupación
significativa, tal vez en actividades gratificantes.
En el caso de la salud mental,
esta herramienta se pude utilizar en evaluaciones iniciales para devolver una
imagen más o menos realista de la distribución del tiempo en personas que
tienen problemas de aislamiento social o de sedentarismo. Puede utilizarse
también a familiares o cuidadores para valorar el impacto en su propio
desempeño. Al poder utilizarse como herramienta autoadministrada puede servir
como potente feedback o como reestructuración cognitiva para realizar
descripciones del desempeño o ajustes de expectativas así como un valioso dato
informativo en valoraciones.
No lo recomendaría para utilizar
de forma sistemática, pero sí en casos puntuales, en talleres de AVD, en grupos
de trabajo con familiares o en sesiones informativas de TO.
Otra recomendación es usar
plantillas en Word o Excel como apoyo a la hora de transcribir los datos, lo
cual puede agilizar el proceso, ya que probablemente una pega puede ser la
cantidad de tiempo que se necesita para cumplimentar la tabla, revisar cada
actividad para asignarle un significado y realizar el posterior sumatorio para
obtener las estadísticas.
Conocida por muchos, aun así espero que esta herramienta sea
de utilidad, o al menos la metodología para diseñarla. Existen varios artículos
específicos de TO sobre este tema en diversas publicaciones, pero a
continuación dejo tres enlaces libres relacionados con este tema que pueden
resultar de interés:
jueves, 18 de octubre de 2018
¿Qué hace un TO en salud mental?
Esta semana una persona me hizo una consulta porque necesitaba responder a esta pregunta, aparentemente sencilla de responder pero compleja en realidad (al menos hacerlo de forma breve). Comencé a buscar algún documento que pudiera servirle, definiciones, etc… pero finalmente opté por coger papel y bolígrafo y redactar un sencillo texto que me salió así, tal cual, y que a continuación transcribo para compartirlo:
“¿Qué hace un TO en salud mental?
El TO forma parte del equipo y complementa lo que otros profesionales pueden hacer con las personas atendidas y puede participar de todas las intervenciones clínicas durante todo el proceso de atención.
El TO tiene una filosofía particular: la ocupación. El TO cree que toda persona funciona de manera sana cuando mantiene ocupaciones que dan sentido a su vida.
Todas las personas participan en roles y ocupaciones en sus vidas. Lo deseable es que esa participación sea sana, activa y satisfactoria. Es lo que nos empodera y lo que nos hace crecer como personas íntegras.
Cuando la salud mental se ve comprometida, es probable que la participación en esos roles y ocupaciones se vea afectada, puede que durante un tiempo o puede que a largo plazo.
Generalmente la autonomía de la persona (en cualquier sentido) puede verse resentida o afectada, limitando o dificultando la participación.
¿Qué puede hacer el TO?
El TO utiliza estrategias y técnicas (como el resto de profesionales) para crear oportunidades de recuperación del desempeño (que es esa participación en roles y ocupaciones)
Es peculiar el sentido que el TO otorga a la actividad en sí misma, pero sobre todo al significado que tiene para la persona. Por tanto, el TO en salud mental aporta un sentido personal y significativo al abordaje que se realiza en el tratamiento de cualquier persona con cualquier problema de salud mental, en su recuperación y en el éxito individual en el que cree.”
Dedicado a SDG.
“¿Qué hace un TO en salud mental?
El TO forma parte del equipo y complementa lo que otros profesionales pueden hacer con las personas atendidas y puede participar de todas las intervenciones clínicas durante todo el proceso de atención.
El TO tiene una filosofía particular: la ocupación. El TO cree que toda persona funciona de manera sana cuando mantiene ocupaciones que dan sentido a su vida.
Todas las personas participan en roles y ocupaciones en sus vidas. Lo deseable es que esa participación sea sana, activa y satisfactoria. Es lo que nos empodera y lo que nos hace crecer como personas íntegras.
Cuando la salud mental se ve comprometida, es probable que la participación en esos roles y ocupaciones se vea afectada, puede que durante un tiempo o puede que a largo plazo.
Generalmente la autonomía de la persona (en cualquier sentido) puede verse resentida o afectada, limitando o dificultando la participación.
¿Qué puede hacer el TO?
El TO utiliza estrategias y técnicas (como el resto de profesionales) para crear oportunidades de recuperación del desempeño (que es esa participación en roles y ocupaciones)
Es peculiar el sentido que el TO otorga a la actividad en sí misma, pero sobre todo al significado que tiene para la persona. Por tanto, el TO en salud mental aporta un sentido personal y significativo al abordaje que se realiza en el tratamiento de cualquier persona con cualquier problema de salud mental, en su recuperación y en el éxito individual en el que cree.”
Dedicado a SDG.
sábado, 13 de octubre de 2018
Utilidades del Índice de Barthel en Salud Mental
Una
de las herramientas más utilizadas en la evaluación de todo tipo de pacientes
es el Índice de Barthel. Todos los terapeutas ocupacionales lo conocen desde
primer curso de carrera, y no solo los TO, sino cualquier profesional
relacionado. También en salud mental. De hecho, el Índice de Barthel habitualmente
aparece en la mayoría de informes previos de la historia clínica por parte no
solo de TO, sino de psiquiatras, psicólogos, enfermeros, etc. El motivo de este
artículo es valorar la utilidad en recursos de rehabilitación psicosocial.
El
Índice de Barthel –también conocido como Índice de Discapacidad de Maryland- es
una escala que puede ser utilizada como screening o cribado, esto es, una
evaluación para tener una idea general de la autonomía de la persona en AVD
básicas. El uso como herramienta de cribado probablemente ocurra en un
dispositivo donde un TO trabaja en su propio departamento y el profesional
pertinente deriva a un paciente. El TO debe decidir si lo acepta o no (número de
plazas disponibles, perfil adecuado, etc) y para ello realiza una primera
evaluación muy general. Si lo acepta, realizará una evaluación mucho más
exhaustiva. En España puede ser el caso de un hospital de día. Puede servir
como información del momento del ingreso para compararla al alta, aunque la
escala suele describir dependencia a medio o largo plazo.
La
escala evalúa AVD básicas, muy
relacionadas con la funcionalidad orgánica, es decir, es probable que una
discapacidad fisiológica o mecánica provoque disfuncionalidad en alguna o
algunas de las AVD indicadas, a saber: comer, aseo personal, vestirse, bañarse,
continencia (orina y heces), uso de retrete, deambular, transferencias y subir
y bajar escaleras. Una persona que sufre un ictus, parálisis cerebral, una
lesión medular, una enfermedad degenerativa, una amputación, encamamiento,
lesiones articulares, daño cerebral, síndrome geriátrico, cáncer o
demencia probablemente tendrá
dificultades en alguna o varias de estas actividades y se pueden presentar
cambios en las AVD básicas, ya sea temporal o permanentemente.
Respecto
a la salud mental, en recursos como viviendas supervisadas, centro de día,
CRIS, CRPS, hospital de día y otros recursos ambulatorios las puntuaciones en
el índice de Barthel suelen ser altas, con casos de dependencia leve y menos de
dependencia moderada o severa, sobre todo en casos más graves, personas mayores
con enfermedad mental crónica o personas con otras patologías graves asociadas.
Uno de los motivos es que estos dispositivos no necesariamente están preparados
para atender a personas con discapacidades graves, que puedan necesitar
atención permanente, cuidados especiales o asistencia (incluso puede ser un
criterio para no aceptar la derivación). Precisamente por eso sí es una buena
herramienta en recursos residenciales o de larga estancia.
Puede
haber casos de personas con movilidad reducida que usen silla de ruedas, por
ejemplo (y el propio Índice lo contempla: en caso de que la persona utilice
silla de ruedas la puntuación máxima es 90). Es posible que entren en juego
otros factores. Por ejemplo, sintomatología en un caso de una persona que sufre
depresión mayor o trastorno psicótico muy grave pueden ocurrir situaciones de
abandono personal que queden reflejadas en la escala. Otro ejemplo, efectos
secundarios de la medicación pueden provocar episodios de incontinencia. Para
considerar dependiente a una persona en cualquiera de los ítems del Índice es
importante tener en cuenta si es una situación transitoria o permanente o de
larga evolución.
Aun
así siguen siendo circunstancias puntuales, pocas veces persistentes en el
tiempo, y francamente, la mayoría de usuarios atendidos en recursos de
rehabilitación psicosocial mantienen un nivel de autonomía básica funcional. En
algunos de los dispositivos en que he trabajado –excepto residencia- nunca
menos del 90%. Por ello es necesario usar además otras valoraciones, ya que el
Índice de Barthel por sí solo no ofrecerá una información relevante salvo
cambios drásticos. Existen algunas escalas complementarias –o sustitutas- como
el Índice de Katz, en mi opinión una herramienta igual de válida que yo mismo
he utilizado.
Recogida
de información para el Índice de Barthel
La
escala se puede realizar en unos pocos minutos con algo de información previa
(en informes, historia clínica, entrevista con familiares o la propia persona
evaluada) y mediante observación directa. Es poco probable que la persona,
familiares, cuidadores, otros profesionales que lo hayan evaluado o tratado o
ninguno de ellos sea capaz de responder con mínima seguridad. Suele haber pocas
discrepancias en los puntajes, lo que responde a situaciones muy evidentes, y
el sesgo en teoría debe ser pequeño. Por ejemplo, es relativamente sencillo
determinar si una persona necesita ser alimentada por otra persona o si puede
hacerlo por sí misma. Y del mismo modo en el resto de ítems, que pueden
contestarse en general con respuestas cerradas, como: “¿Necesita usted ayuda –ya
sea parcial o total- para asearse, sí o no?”
¿Qué
es lo peor que puede ocurrir? Que la información de que se dispone sea
incompleta, confusa, no exista, sea contradictoria o esté sesgada o falseada
(si se oculta parte de información, por ejemplo) o que directamente haya que
evaluar sin conocer a la persona (creedme, puede ocurrir que nos lo pidan, solamente
basándonos en informes). Entonces no sabremos determinar con exactitud la
autonomía de la persona en cada item.
En
este caso hay dos posibles soluciones, una de ellas es determinar nula la
prueba, como no evaluable. La otra solución es la siguiente –siempre que haya
una respuesta controvertida-: en los ítems con tres respuestas, se marcará el
valor medio (5 puntos), en los de dos respuestas 0 puntos y en los items de
transferencia y deambulación, que presenta 4 opciones, evaluar a la baja (esta
estrategia permite mejorar la puntuación en la posterior revisión, lo cual
siempre es más favorable y permite un mejor ajuste de expectativas que puntuar
al alza y corregir a la baja, aunque no es más que una estrategia, tal vez
prudencial).
Suponiendo
que no pudiésemos certificar con seguridad la puntuación en todos y cada uno de
los ítems –lo cual en principio es difícil que ocurra-, la persona evaluada
marcaría una puntuación final de 40, por debajo de la media y marcando
dependencia severa. Es más probable que existan dudas entre los límites de
independencia total y dependencia leve o entre dependencia leve y moderada. En
cualquier caso, se procedería a una evaluación mucho más exhaustiva para
confirmar dicho grado de dependencia.
Se
puede volver a valorar si ha pasado mucho tiempo (es interesante determinar
cada cuánto se debe pasar la prueba según cada caso) o si han ocurrido cambios
relevantes, ya que es una prueba poco sensible a cambios rápidos o cuadros
clínicos muy inestables. En cualquier caso, es indispensable conocer esta
herramienta y sobre todo, saber interpretarla y complementarla a lo largo de la
evolución del caso. Se puede incluir en el PIR y también se puede realizar para
otros informes y seguimientos individuales.
Como
siempre, espero que estas observaciones sean de utilidad.
Enlaces
recomendados sobre este tema:
- https://meiga.info/escalas/IndiceDeBarthel.pdf
- http://www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/rehabilitacion-doc/indice_de_barthel.pdf
- https://studylib.es/doc/6342179/indice-de-barthel-o-de-discapacidad-de-maryland
sábado, 15 de septiembre de 2018
Evidencia y registros de elaboración propia en AVD
Una de las herramientas más útiles para
el Terapeuta Ocupacional cuando trabaja en Salud mental es el uso de la
evidencia. En otras disciplinas los déficits y discapacidades se observan
claramente (no solo el TO, sino cualquiera), y por tanto es más sencillo
establecer objetivos y revisarlos e implementar estrategias de intervención. En
salud mental no siempre es tan fácil, porque muchas problemáticas no se pueden
observar a simple vista o en un primer momento. Aun así, hay algo que sí se
puede observar, y es LA CONDUCTA, especialmente la conducta en cada una de las
AVD. A partir de ahí, la observación directa minuciosa nos puede aportar
información valiosa acerca de posibles déficits y así elegir un abordaje de
intervención eficaz.
Para ello es casi imprescindible el uso de registros
(recomiendo registros de elaboración propia, para ajustar la observación a la
realidad exclusiva de cada persona) habituales, casi diarios, tanto en la
evaluación inicial como en el seguimiento permanente y en la revisión de los
planes de intervención. Habituarnos a usar de forma sistemática este tipo de
registros nos va a aportar una información muy útil porque:
- Es real: son evidencias indiscutibles.
- Es completa: si el registro es riguroso aporta información inicial y su evolución a lo largo del tiempo.
- Aporta perspectiva: cuando hay muchos datos reunidos y cruzados la visión global del caso clínico suele aclararse y ofrecer una imagen general que puede explicar muchas de las realidades de la persona y orientarnos hacia el abordaje del caso.
Ejemplo
práctico:
Hay
que realizar una evaluación inicial a una persona que accede a un recurso de
rehabilitación psicosocial. Se realiza entrevista a la familia y a la persona.
Al hablar del aseo e higiene personal al parecer hay ciertas discrepancias,
pues ambas partes refieren información incompleta o contradictoria. A pesar de
ello, se evalúa con una evaluación estándar inicial (Katz, BELS, ILSS, etc)
para disponer de un ítem de referencia en base a la información que aporta el
usuario y la familia y los informes que disponemos, aparte de contrastar
información junto con el resto del equipo y el propio ojo clínico.
A
partir de entonces el TO diseña un sencillo registro para esta persona, a
rellenar cada día que acude al centro (acude, pongamos, 3 días a la semana), ya
que el propio terapeuta no puede estar presente en el domicilio de esta persona
en los momentos de aseo e higiene personal.
Este
registro puede ser realizado por iniciativa del propio TO o bien a petición de
otro de los profesionales que lleva el caso, como el psicólogo, porque esté
interesado en resolver una problemática relacionada, contrastar información o
responder a una demanda de la familia.
Supongamos
que se usa este registro durante tres meses, lo que implica un número de 36
registros (3 días a la semana x 4 semanas al mes). Existe una muestra
significativa del registro de unas conductas muy concretas durante los 3 últimos
meses hasta la fecha actual, lo que permite obtener ciertas conclusiones.
Por
ejemplo, puede que de esos 36 días, no presenta suciedad en ropa ni cuerpo ni
olor corporal al llegar al centro ninguno de los días, pero sí presenta
suciedad en ropa y manos al marcharse del centro en 6 de esos días. Probablemente
podamos considerar que el hecho de ensuciarse a lo largo del día (y no desde
que llega de casa) sólo ocasionalmente puede considerarse poco significativo. Tal
vez no es necesario marcar un objetivo muy ambicioso o simplemente realizar un
seguimiento general por si la situación empeora. También puede servir para
presentar esta información a la familia u otros profesionales y contrastar
informaciones para tener una visión más ajustada de la realidad: “tal vez pensábamos
que era un problema mayor de lo que es”, o bien “es un problema ocasional que
puede tener fácil solución con un poco de seguimiento”.
Evidentemente,
no es el mismo caso que el de una persona que registra suciedad al llegar y
marcharse 36 de 36 días. El abordaje no es el mismo. Es una buena forma de
evitar sensaciones generales acerca de la situación de las personas o ciertos
problemas o guiarse por intuiciones que pueden alejarnos de soluciones reales.
Eso sí, para que este trabajo tenga éxito el TO debe tener ganas y constancia,
instaurándolo como una rutina diaria.
En
mi propia experiencia profesional este tipo de herramientas han sido muy útiles,
al menos para el propio trabajo del TO a la hora de evaluar e intervenir, y
puede hacerse con cualquier AVD observable. Puede seer útil en recursos
residenciales o de alta supervisión (residencias o pisos tutelados), pero
especialmente en recursos donde no se dispone de tanto tiempo para tratar con
la persona ni observar estas conductas.
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