lunes, 10 de septiembre de 2012
Estrategias para Elaboración de Programas en Salud Mental.
miércoles, 13 de julio de 2011
Estrategias de intervención: Manejo de información
sábado, 9 de abril de 2011
Prescripción, consejo, INDICACIÓN.
lunes, 28 de febrero de 2011
Curso Evaluaciones y Supervisión de casos en Salud Mental y Exclusión Social
Los pasados días 21,22 y 23 de febrero he asistido a un curso organizado por APETO en Madrid, "Evaluaciones y Supervisión de casos en Salud Mental y Exclusión Social", impartido por la TO Mariel Pellegrini, y quisiera hacer una breve reflexión a modo de conclusión.
Me quedo con el deseo expresado al inicio del curso: "Los TO debemos tener una práctica clínica menos intuitiva y más científica", con el cual estoy de acuerdo, pues yo soy el primero que muchas veces he tomado decisiones, basadas en mi ojo clínico, para las cuales necesitaba un apoyo más sólido.
Algunas de nuestras tareas profesionales son: evaluación de pacientes y uso de herramientas para la misma, elaboración de informes, planteamiento de objetivos, seguimiento de usuarios, elaboración de programas, etc. Estas tareas requieren de una destreza clara a la hora de realizarlas, porque aparte de los modelos existentes en nuestros lugares de trabajo (que podemos usar eficazmente, ampliar, optimizar o quizá incluso modificar) necesitamos un criterio muy claro para la práctica clínica, el ejercicio de TO, el uso de la ocupación. Y ahí es donde seguramente en muchas ocasiones nos mostramos algo desorientados o conformistas, lo que nos hace actuar de manera intuitiva, y a veces rápida o superficial.
Cuando acudimos a un profesional (el que sea), esperamos de él que sepa hacer eficazmente su trabajo y que domine la materia a tratar, confiamos en su seguridad a la hora de trabajar. Yo no sé si el dentista que me atiende ha hecho cientos de empastes o es el primero que hace, pero confío en que hará un buen trabajo. De la misma manera las personas con quienes trabajemos (pacientes, compañeros de trabajo o familiares) sabrán que somos unos profesionales eficientes y seguros de lo que hacemos.
Y en esto ha consistido básicamente el curso, al menos para mí: en aportar criterios sólidos a la hora de evaluar, plantear objetivos, programar, etc. que nos sirvan de guía y refuerzo en la pratica de TO. El rigor en nuestra profesión es muy necesario.
Gracias Mariel y a tod@s l@s demás. Saludos!
lunes, 31 de enero de 2011
Manejo de la contratransferencia (II)
Seguramente al terminar este artículo sabréis a qué me refiero, porque lo identificaréis en compañeros de trabajo y en vosotros mismos. Yo personalmente creo que conocer de forma general esta realidad y trabajarla de forma personal (y si puede ser en equipo) puede aportarnos una herramienta potentísima para trabajar la relación terapeuta- paciente, lo cual optimizará nuestra intervención profesional y la calidad de los tratamientos.
¿Qué es qué se entiende por contratransferencia?
Se entiende como la “Respuesta emocional consciente o inconsciente del terapeuta al paciente; está determinada por las necesidades internas del terapeuta, mas que por las necesidades del paciente, y puede reforzar la historia traumática del paciente si el terapeuta no pone atención” Ver enlaces: [1], [2], [3].
Cuando las acciones de una persona, en este caso, un usuario, nos provocan una determinada emoción, o una serie de pensamientos y nos provocan una determinada actitud hacia él normalmente se lo atribuimos a esa persona: “Soy severo con él y me irrito porque él nunca me hace caso”. Es éste un buen momento para que, como profesional, nos planteemos: “¿qué me pasa a mí para reaccionar de esta manera? ¿Quizá soy impaciente? ¿Por qué me frustro con esta persona? ¿Acaso no he acertado con el tratamiento? ¿Hay alguna circunstancia mía personal que me afecte en el trabajo y en concreto con esta persona? ¿Tiene algo o hace algo esta persona que asocio a alguna situación dolorosa y por eso me irrita? Etcétera…”
Normalmente no damos demasiada importancia, o bien obviamos esta circunstancia o realidad clínica, pero la verdad es que nos afecta siempre, incluso a los profesionales más experimentados.
Ejemplos: un paciente me irrita, me doy cuenta de que sobreprotejo a un paciente, me estoy enamorando de un paciente, un paciente me da lástima y me produce condescendencia, me frustra el trabajo con este paciente… el trabajo consiste en admitir estas realidades, tratar de buscar las razones de por qué ocurre y poner un remedio, que consiste en poner los límites en la relación terapéutica o tomar las medidas necesarias para que tal circunstancia no perjudique a ninguna de las partes. Una sana práctica entre profesionales es la derivación, si esta es posible. Conozco casos de psiquiatras y/u otros profesionales que se han derivado usuarios o pacientes porque ocurrían circunstancias tan humanas como las anteriormente citadas: “No puedo más con este paciente, me irrita y me encuentro desorientado, no sé si podré ayudarle”. En último caso puedo derivarlo a otro compañero o pedir un apoyo profesional, cosa que en ningún caso denota incompetencia. Todo lo contrario: probablemente como última opción es siempre mejor derivar un usuario que abandonarlo o perjudicarlo. Además, absolutamente todos experimentamos estas contratransferencias: es imposible no generar ninguna emoción o pensamiento ante otra persona. La experiencia es lo que nos dará criterio para manejarlo, pero en ningún caso nadie podrá decir que las relaciones personales no le afectan lo más mínimo, aunque sean terapeuta-paciente. Además, absolutamente todos hemos conocido casos de difícil manejo, por lo que tratar este asunto entre todos puede facilitar la intervención del equipo.
Aunque parece difícil y desgraciadamente no todos los trabajos disponen de unas condiciones que lo permitan, yo personalmente he tenido la suerte de poder trabajar así en equipo, y a medida que pasa el tiempo y tengo más experiencias profesionales me doy más cuenta de la importancia de este asunto y la eficacia que puede proporcionar, así que animo a quienes lo leáis que al menos lo mencionéis, lo reviséis de forma periódica, lo habléis con los compañeros o, al menos, lo tengáis presente, ya que probablemente os beneficiará.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Informe de Terapia Ocupacional en Salud Mental
Nuestro artículo se encuentra en la página 195 del documento PDF del siguiente enlace:
http://www.revistatog.com/suple/num6/suple6.pdf
El link directo es: http://www.revistatog.com/suple/num6/informe.pdf
Muchísimas gracias a los organizadores, a TOG y, en especial, a Silvia, por tu compañía, tu inspiración, tu enorme talento y tu impagable aportación. ¡Gracias por todo compañera!
jueves, 9 de diciembre de 2010
Foro
viernes, 3 de septiembre de 2010
Rol de paciente
Rol social: serie de patrones esperados de conducta atribuidos a quien ocupa una posición dada en una unidad social, es decir, el papel desempeñado por las personas en la sociedad.
Hace un tiempo tuve un debate con una compañera de profesión, que decía que el “rol de paciente” no puede existir como tal, ya que la ejecución de un rol implica acción, y por lo tanto, no puede existir un rol pasivo.
- Si es “No sé” y es real, se enseña (Aprendizaje).
- Si es “No puedo” y la causa es real, se facilita (Herramientas, Ayuda Técnica, Permisos, Apoyo, Supervisión…)
- Si conseguimos superar estos dos recursos de evasión sólo queda uno, que es “No quiero”.
Algunas referencias al Análisis Transaccional y los Juegos Psicológicos:
viernes, 22 de enero de 2010
Links
http://www.centroelcenajo.com/
Otro link de un excelente hospital de día de Madrid:
http://www.icpr-hospitaldedia.org/
Y otro más de mi actual centro de trabajo:
http://www.bsocial.gva.es/portal/portal?id=6580&sec=2212010123720
jueves, 21 de enero de 2010
AIVD
Las Actividades de
Las ABVD (básicas) son una cuestión primordial en la intervención desde Terapia Ocupacional (TO), sobre todo cuando se ven directamente afectadas. Son actividades tan cotidianas y naturales que a menudo cualquier persona las obvia, es decir, todos vamos al baño varias veces al día, por ejemplo, y sabemos hacerlo; todos nos vestimos a diario y adecuamos nuestra vestimenta a las condiciones climatológicas, a la actividad que vamos a realizar (deporte, trabajo, boda, hacer limpieza…), etc. Pero esta tarea aparentemente tan sencilla puede representar una barrera difícilmente superable para muchas personas que han visto afectado su desempeño por una enfermedad que les bloquea o les anula la voluntad de hacerlo. Es una dura realidad, pero por esto mismo hay que abordarla de forma prioritaria. Cualquier persona necesita unos hábitos mínimos de higiene, vestido, alimentación, descanso, etc. por una mera cuestión de supervivencia. Este objetivo es el primero que ha de marcarse en caso de haber identificado en el paciente la pérdida, abandono o deterioro de los hábitos relacionados con estas actividades, y cualquier terapeuta o profesional perspicaz se dará cuenta. De hecho, en los casos más graves (como por ejemplo, esquizofrenia en su espectro más grave o crónico –especialmente la hebefrénica-, retraso mental, demencias, depresión mayor, trastornos obsesivo-compulsivos severos o cualquier enfermedad grave e incapacitante) suele establecerse como objetivo común para todos los profesionales, ya que es lo más evidente.
La cuestión que aquí se trata es si en los casos más favorables, en aquellas personas que incorporan unos hábitos y unas rutinas prácticas para sus ABVD, se pueden establecer objetivos más complejos. Yo creo que sí, ya que la independencia no sólo radica en poder realizar estas actividades tan cotidianas y personales, sino en poder desenvolverse con eficacia en el entorno y utilizar los recursos que la comunidad nos ofrece, que en esto consisten las AIVD.
AIVD son actividades cotidianas más complejas que las básicas, a saber: uso de transportes y medios de comunicación, cuidado de aspectos relacionados con la salud, manejo de dinero y finanzas, realización de diversas gestiones relacionadas con la manutención del hogar o del cuidado de otras personas (o animales), tareas domésticas, compras, preparación de comidas, organización de la limpieza o la elaboración de respuestas a situaciones de emergencia, entre otros.
Según
Reflexionemos e imaginemos lo difícil que puede resultarle a una persona elaborar una lista de la compra coherente con las necesidades que hemos de cubrir si el simple hecho de ducharse o adecuar su vestimenta suponen una dificultad. Por otra parte, cualquiera de las AIVD anteriormente descritas requiere de unas habilidades que se incorporan y se entrenan desde la infancia. Desde pequeñitos aprendemos a dormirnos, a vestirnos, a ir al baño, etc… pero hasta que pasan varios años nadie sabe ni se encarga de abrir una cuenta corriente, tener una cartilla e ir al banco a realizar ingresos o extracciones, y mucho menos sabemos cómo funciona una financiación o una hipoteca. Son tareas que aprendemos a lo largo de la vida, muchas de ellas en la edad adulta. Es sabido por todos que aprender a cocinar por sí solo para uno mismo (véase cualquier estudiante o “rodríguez”, por ejemplo) supone mucho tiempo de aprendizaje, y verse en situaciones que requieren incorporar esta habilidad. Cuántas veces una persona adulta necesita a su madre para recibir asesoramiento sobre qué productos de limpieza utilizar, qué hay que hacer para reponer la gasolina del coche o cómo tengo que pedir un producto en la carnicería). Esto sirve de muestra para entender la complejidad de las AIVD. Sin embargo, el aprendizaje de habilidades para el desempeño de estas actividades es infinitamente útil para el resto de nuestra vida, y nos dotan de una independencia máxima para desenvolvernos en la vida.
Es por tanto, de extrema importancia dotar de herramientas a cualquier persona que vea afectado su desempeño por una enfermedad. Las familias, efectivamente y por lo general, suelen hacerse cargo de estas AIVD, como hemos mencionado antes, probablemente por sobreprotección (obviando los casos de verdadera y/o extrema dependencia), robando así este rol del paciente, e ignorando las consecuencias futuras en el caso de que la familia desaparezca (por ejemplo, enfermos adultos a cargo de los padres que saben que algún día estos morirán, observando su futuro con incertidumbre).
Como TO, y siendo consciente de la tremenda importancia y relevancia de este asunto, me siento obligado a establecer objetivos orientados al manejo de las AIVD siempre que sea posible, porque supone una trabajo valiosísimo para el paciente, cuya autoestima puede verse infinitamente reforzada, y porque podemos asegurarle una independencia funcional de un valor incalculable para el futuro. Creo que es un error dejar este asunto en manos de los familiares si detectamos que éstos no potencian o fomentan el desempeño en AIVD. Sé que es duro, y que se tiende o bien al abandono o bien a la sobreprotección y condescendencia, pero ya hemos visto que no se trata de un asunto baladí, sino más bien todo lo contrario, así que, al menos, intentémoslo. Seguiré más adelante con este tema, para no extenderme más con este post. Gracias a todos los que leéis este blog y a todos los mensajes que he recibido. Recordad que un buen TO ha de tener siempre inquietudes relacionadas con la salud de nuestros pacientes, en la cual podemos incidir muy positivamente si estimulamos y potenciamos cualquier habilidad para la independencia funcional de los mismos.